Estoy de regreso luego de un largo tiempo de ausencia, pero en fin lo importante es estar de regreso. En esta ocasión deseo compartir parte de un maravilloso viaje que realicé junto con mi familia a la hermosa provincia de Esmeraldas concretamente a las hermosas playas de Atacames y Esmeraldas.
El viaje lo efectuamos la madrugada del sábado 28 de abril de 2007 (para variar), es que para ganar tiempo preferimos salir en la mañana frescos y descansados, aunque el viaje a Esmeraldas desde Quito no es muy largo, son aproximadamente cinco horas de viaje algo parecido a viajar desde Azogues a Guayaquil.
Esmeraldas nos recibió con algo de lluvia lo que no fue impedimento para expresar la alegría de disfrutar de un fin de semana espectacular, llegamos a Atacames y nos instalamos en un hotel, luego de organizar nuestras cosas en las habitaciones salimos al malecón para desayunar y luego a disfrutar de la playa, por suerte, la lluvia cesó y aunque no apareció el sol, la diversión en la playa fue total.

En la noche, no existe nada más relajante que un paseo por la playa luego de saborear la exquisita comida esmeraldeña. Un poco cansados por la agotadora jornada nos hizo retiramos al hotel a descansar y recargar energías para lo que sería un nuevo día en la playa.


Ya en la mañana del domingo 29 de abril de 2007 nos levantamos temprano para aprovechar el tiempo que como en todo siempre se hace corto. Un exquisito desayuno nos esperaba en las típicas carretillas de comida del malecón y claro, como no podía ser de otra manera un buen encebollado para empezar el día con pie firme, aunque debo aclarar que a la mayoría de la familia le bastó un súper batido de fruta cómo solo en Atacames lo saben hacer.
El sol por fin hacía su aparición y nosotros dispuestos a aprovecharlo al máximo. Una actividad obligatoria de todo visitante a la playa es el paseo en lancha a la isla de los pájaros en la que se pueden apreciar diferentes tipos de aves, pero el que más destaca es el piquero de patas azules justamente por ese color que le hace lucir espectacular, y que decir de los cangrejos azules que se los ve pasear por las rocas. En este viaje se puede apreciar la majestuosidad del hermoso e inmenso océano pacífico mientras uno de los guías de la embarcación indica cada uno de los lugares observados en el recorrido. En este trayecto se puede apreciar una grandiosa roca que por su forma es conocida como el submarino de roca. En aquel lugar existen unas cavernas conocidas como las cuevas del amor en el cual cuando la marea esta baja entran dos personas (hombre y mujer) y salen tres como por arte de magia. El guía también cuenta que en una playita que se la puede observar desde la embarcación en ciertas ocasiones llegan turistas de mente abierta y la disfrutan como Dios les trajo al mundo ya que es una playa nudista; además, navegamos cerca de las playas de Sua que según indica el guía, es una inmensa piscina natural por su exacta ubicación, en las playas de Sua no existen grandes olas y pudimos constatar que efectivamente parece una gran piscina sin olas, no faltó alguien que quisiera lanzarse de la lancha y nadar por unos minutos en este lugar y efectivamente así lo hizo mi cuñado Darwiño al igual que en una ocasión anterior que visitamos ese lugar.



Una vez que desembarcamos de la lancha, continuamos disfrutando del sol, arena y mar. Un gran susto se nos presentó cuando una gran ola nos tomó desprevenidos y por poco una de las embarcaciones que se encuentraba cerca de la orilla se viene encima de las chicas y los niños. Pero bueno, ese incidente es mejor olvidarlo no sin antes recomendar a todos los que visiten la playa tomar las respectivas precauciones.

El viaje está por terminar, así que decidimos retornar al hotel y preparar todo para el regreso. Maletas listas, y de regreso a Quito, pero antes, teníamos que almorzar y no podíamos dejar pasar la oportunidad de saborear una vez más la exquisita comida en Las Palmas la playa de Esmeraldas. No es por exagerar pero en ese lugar he degustado el mejor arroz con camarones, los mejores ceviches de camarón y por supuesto el mejor arroz marinero, que lo pueden apreciar en las fotografías. Lamentablemente en este momento no recuerdo el nombre del restaurante pero créanme que es lo mejor. Si alguien quiere tener una referencia visual del lugar, pueden apreciar la fotografía captada afuera del local.



Con algo de melancolía nos aprestamos a abordar los vehículos que nos trasladarían de regreso a la ciudad capital y así lo hicimos, de regreso, se pueden apreciar magníficos paisajes, verde vegetación y pintorescas poblaciones. Llegar al peaje de Calacalí es una clara señal de que estamos llegando a Quito, es de noche y llegamos a casa, una ligera merienda, una tibia ducha y a descansar que al día siguiente nos esperaba una nueva jornada de trabajo para los adultos y para mis pequeños sobrinos una nueva jornada de estudios. En fin un viaje maravilloso que quedaría grabado en nuestras mentes por el resto de nuestras vidas.


Esta ha sido la magia de Esmeraldas que estoy seguro se volverá a repetir.